Consejos a los jóvenes abogados

Bienvenidos, jóvenes abogados, a una de las profesiones más duras y entregadas, no sólo por el trabajo diario, sino porque lidiamos con un interés intangible: el sentimiento de justicia.  Pero es, a la vez, una de las más gratificantes porque, a veces, nuestra intervención hace material ese interés.

Para ejercer esta profesión hay que tener siempre presentes las palabras de Ángel Ossorio en El alma de la Toga:

En el Abogado, la rectitud de la conciencia es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos. Primero es ser bueno; luego ser firme; después ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar; pericia en el último.

La bondad, la firmeza y la imaginación son las virtudes que deben guiaros en el ejercicio de la abogacía. Y entre todas ellas, cabe destacar la bondad.

Bondad

Os encontraréis muchas personas que os ofrecerán pingües beneficios a cambio de vuestra honradez y vuestra responsabilidad. Evitad usar vuestros conocimientos para defraudar el sistema; un abogado corrupto es un Doctor Mengele. Claro que todos queremos ganarnos bien la vida, pero no debéis hacerlo a costa de vuestros clientes o de la parte contraria. No os aprovechéis de los pocos conocimientos del ciudadano de a pie ni os ensañéis con el vencido.

Firmeza

La firmeza no sólo se refiere a la constancia en la defensa de vuestros clientes, también se refiere a la constancia del punto anterior. Por eso, firmeza y prudencia van íntimamente unidas. Las horas de trabajo y de estudio, no os engañéis, nadie os las quitará. Tan sólo podéis hacer más liviana esta carga si tenéis la conciencia tranquila porque sólo así lograréis culminar el punto siguiente.

Imaginación

La imaginación es uno de los pilares de la abogacía. Las leyes tienen vocación de perdurabilidad pero la sociedad cambia y, cada vez, más rápido. Cambian las necesidades, cambian las relaciones y la tecnología avanza. Cuando debáis acudir a un precepto, aplicadlo mediante una teoría coherente y justa guiando a los jueces hacia una interpretación más acorde con la realidad social del momento.

Os dejo con un gran discurso escrito por Tom Wolfe en La hoguera de las vanidades e interpretado por Morgan Freeman:

«¿Racista? ¿Se atreven a llamarme racista? Les voy a decir una cosa: ¿qué importa el color de la piel de un hombre si los testigos son perjuros, si el abogado se une a los perjuros, si el fiscal del distrito es capaz de dejar a un hombre a merced de la muchedumbre con tal de ganar crédito político, y hombres formados, hombres de Dios, se aprovechan de ello? ¿Es eso justicia? Les diré lo que es la justicia. La justicia es la ley, y la ley es el débil esfuerzo del hombre por tratar de asentar los principios de la decencia. ¡Decencia! Y la decencia no es un acuerdo, no es un punto de vista o un contrato o un chanchullo. La decencia es lo que sus abuelas les enseñaron. Está en sus huesos. Ahora váyanse a casa. Váyanse a casa y sean gente decente. Sean decentes».


 

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