Valoración de los daños y perjuicios

Hace unos días organicé un Cine Fórum en la Libreria Chronos. Aunque la librería está especializada en ciencia ficción, el dueño (muy amable y, quizás, un poco inocentemente) dejó que un grupo de abogados irrumpiéramos en su pacífica tienda. Por suerte no nos hizo firmar ningún documento de asunción de responsabilidad por daños y perjuicios.

Al final de la película y el debate, concluimos que la ficción supera la realidad y que muchos de los libros fantásticos que se exponen en la librería describen personajes más humanos que el propio legislador.

La película que vimos fue A Civil Action (1998), protagonizada por John Travolta y Robert Duvall.

Empezar un juicio es empezar la guerra

Hollywood nos ha vendido la idea, basada en el sistema judicial norteamericano, de que interponiendo una demanda podemos obligar a la otra parte a pactar. En realidad, cuando alguien inicia una acción judicial está firmando una declaración de guerra para la parte contraria.

Para llegar a pactar con la otra parte hace falta tener pruebas que avalen
tus pretensiones, pero es mucho más importante que ambas partes tengan la voluntad de llegar a un acuerdo. Y esta voluntad se suele perder en cuanto se interpone la demanda. El cliente, cansado de intentar solventar el asunto de forma amistosa, quiere que el juez decida.

Como toda guerra, un juicio tiene costes. Costes económicos y costes personales.  Respecto a los costes económicos, ya hablé en este post sobre la asistencia jurídica gratuita y sobre la nueva plataforma de crowfunding para contratar a un abogado. Los costes personales pueden ser el tiempo que dura el juicio, el recordar continuamente la situación de agravio, romper relaciones con la otra parte, etc.

 La objetivización de la víctima

El derecho de daños, aquí y en todas partes, suele ser bastante frío, crudo e impersonal. Las tablas de indemnizaciones establecen un precio a cada lesión, y con eso, el legislador cree que ya ha cumplido con su misión.

En España, el sistema de valoración de daños y perjuicios se realiza a través de un sistema de baremos.

Pero, ¿acaso establecer un precio a las lesiones disuade de causar un daño? Tomemos como ejemplo el caso de una empresa industrial que en su actividad genera muchos residuos. La empresa puede analizar el coste de implementar un sistema de gestión de residuos y el coste de una eventual demanda de reclamación por daños causados al verter residuos.

El coste del sistema de gestión de residuos es un coste cierto y continuado durante todo el tiempo que la empresa desarrolle su actividad.

El coste de los daños y perjuicios en una persona, en cambio, es mucho menos plausible que se produzca. Primero, es necesario que el daño se haga efectivo. Segundo, que el perjudicado sepa que puede reclamar a la empresa y quiera hacerlo. Tercero, que pueda demostrarlo.

Las empresas suelen valorar los costes de los daños personales que puedan causar y, muchas veces, abusan de esta previsión, decantándose por la opción más barata.

Os dejo con un vídeo de la primera escena de la película, a ver si os abre el apetito.

“Un demandante muerto raramente vale como uno vivo, severamente tullido. Pero si es un muerto agonizante no un ahogo rápido o un accidente el valor puede aumentar considerablemente. Un adulto muerto de 20 a 30 años vale menos que uno de 40 a 50. Una mujer muerta vale menos que un hombre muerto. Un adulto soltero menos que uno casado. Negro menos que blanco. Pobre menos que rico. La víctima perfecta es un profesional blanco de 40 años en el apogeo de su carrera derribado en su plenitud. ¿Y la más imperfecta? En el cálculo del derecho de daños personales un niño muerto es la víctima que menos vale”.

¿Qué opináis? ¿Creéis que las empresas valoran los daños personales que puedan causar y eligen esta opción como la más barata?

¿Es equiparable a las empresas que abren fábricas en países donde la legislación laboral es más laxa con el trabajador?

¿Cómo pensáis que se puede disuadir este tipo de conducta?


 

Dejad vuestros comentarios, ¡me encantará responderos!